El tiempo pandemico parecía quieto. Algunos decían que la vida se había detenido. La vida nunca se detuvo, la vida no se detiene nunca… hay que saberlo. Lo que se detuvo un momento fue el capitalismo y durante ese momento la vida se revivificó en un tiempo demasiado corto. Desafortunadamente muchos gobernantes privilegiaron la economía a la vida y pusieron a funcionar los rodajes del mercado exponiendo a los más pobres a la enfermedad y a la muerte. Los estados, creados para proteger a sus ciudadanos ya no deciden. Decide, ahora, el discurso vacío y sin control de un capitalismo mundial. Un mecanismo que sobrepasó a todo y a todos y que funciona como un fantasma desorbitado atenido al tiempo.
Un gran número de imágenes, emergentes de ese mismo paradigma capitalista, relativas al tiempo muestran relojes que se están deteriorando en al menos un costado, o envejecidos, o destruyéndose, explotando, desvaneciéndose, evaporándose de manera dramática / como para demostrar metafóricamente el deterioro ligado al tiempo, sobre todo al tiempo que pasa / como demostrando un cierto despilfarro al que hay que temer, producto quizás del viejo “poncif” “time is money”. Si no se “aprovecha” el tiempo se pierde. Como si el mismo tiempo se usara. No obstante, el tiempo no se deteriora. Se deteriora, eso sí, lo que va en el tiempo / lo que no es tiempo / lo mortal / lo variable / lo inestable / lo cambiante. El tiempo es invariable / eterno / no se termina.
Somos tiempo.
Jaime del Todo
Sogamoso 19 de Julio de 2020
PS el reloj blando de Dali es de otro tiempo









